
Primero. 12 de junio de 1992.
Arranco el coche de papá, son las tres de la madrugada y mis padres durmiendo. Salgo del pueblo con las luces apagadas, a escondidas para que no se enteren mis padres, y me dirijo a la discoteca de la zona, la Sala 13. Llego a la discoteca y ahí están, Toño con su Citroën AX GT, un bicho que me encantaba, llantas de la copa, doble carburador, colectores Iresa y línea de escape completa, también Iresa, suspensión completa Koni Sport y poco más, pero se defendía bien. Al lado, Miguel con su Peugeot 205 GTX, también un poquillo tocado, amortiguadores traseros Koni Sport, frenos de 239 mm y unas Braid araña, las míticas. También está Josito con el Renault Supercinco GT Turbo marcando territorio, éste estaba completamente de serie, comprado de segunda mano con garantía, dos semanas antes de comprarlo, el del compra-venta había gripado el turbo en una demostración.
Y ahí estaba yo, con el coche de mi padre, un Ford Orion 1.6i Ghia, sin carné y siendo menor de edad.
Me voy junto a ellos:
- J@$~#R Pablo, a ti te faltan primaveras, ¿cómo se te ocurre venir con el coche de tu padre? – pregunta Josito.
- Bueno Josito, ¡mira qué no lo tiene hecho más veces! - le responde Toño.
- Malo será. – respondo con una carcajada.
- A ver, ¿entramos? Las chicas nos están esperando – dice Miguel refiriéndose a las mozas del pueblo.
Entramos a la discoteca y allí estaban las chicas, con su coca-cola en la mano y cuchicheando mientras miraban para nosotros.
- Muy buenas madmoiselles. – dice Toño.
- Hombre, mira a quién os traéis, al Torete. – señalándome a mí mientras se reían.
La verdad, el gesto no me había gustado, me había ganado mala fama.
- Cuatro cremas de whiskey. – pide en la barra Miguel.
- Yo no tengo ni un duro Miguel, no vés que ni por no tener, no tengo ni la cartera encima (con las prisas, se me había olvidado). - le digo a Miguel.
- Tranquilízate chavalote, que invito yo. – responde con una carcajada.
- Venga Torete, ve a robar una cartera para pagar. – me dice una de las chicas.
Harto de qué me vacilasen, le digo a Miguel que me voy, que pase de pedir las cremas, me pide que no me vaya, que van a ir a dar una vuelta con los coches, que me apuntase. Pues bueno, al final me convencen y salgo con ellos a dar una vuelta con los coches.
Me tocó llevar a una de las chicas en el coche, Elena, era muy guapa, morena, más alta que yo y con unos ojazos que me hechizaban desde que la conocía. Montamos los dos en el Orion, mientras salen Miguel, Toño y Josito dando acelerones con el embrague pisado. Yo salgo sin montar jaleo, para que no me fichasen y llamasen a la Guardia Civil.
- Qué aburrido eres, ni nos han mirado los críos de los Vespinos. – me dice Elena.
- Conduce tú, ¡a ver! – le contesto soltando el volante para que lo agarrase.
- ¿Estás loco? – me responde alterada, intentando agarrar el volante.
- Suelta, ¡que no tienes carné!
- J@$~#R, habla el más indicado. - me responde.
Mientras estamos dando vueltas por la carretera nacional, se acercan los pringados de turno, viejos conocidos nuestros. Eran unos chavales de Portorrey, un pueblo al lado del nuestro. Ellos vienen marcando territorio en su Peugeot 205 GTi y su Renault 11 Turbo, el 205 nos adelanta a una velocidad pasmosa y se pone delante de Toño que iba delante de todo. Toño le da las largas y los dos comienzan a exprimir todas las marchas, Miguel, Josito y el del 11 Turbo, hacen lo mismo, yo no voy a ser menos, rebajo una marcha y me pongo detrás de Miguel, pero Toño, Josito y los otros dos habían desaparecido en la siguiente curva.
Me pongo a la par qué Miguel y me dice que pasemos, que no los vamos a alcanzar. Vamos soltando el pedal del acelerador hasta que llegamos a una pequeña área de descanso. Bajamos todos de los coches y nos apoyamos en el 205 de Miguel.
- Apuesto 10.000 pelas a qué Toño vuelve cagándose en todo. – dice Miguel.
- No será menos. El AX aún anda. – le respondo.
- No te creas, contra esos dos poco puedes hacer con el AX.
- Ay, vamos por ahí a divertirnos. – dice Ana, una de las chicas que venía con nosotros dos.
- Esperemos cinco minutos, si no vuelven, volvemos a la Sala 13. – dice Miguel.
Al cabo de un par de minutos vuelve Toño y Sonia, su novia (la que me vacilaba con lo del Torete):
- Maldito AX, ni los 10.000 duros que le he metido ayer han servido para nada. – refiriéndose a la línea Iresa, que montamos ayer en su casa.
- Pues yo me vuelvo a casa, por si acaso. – le digo a los chicos.
Se despiden de mí, arranco el Orion y vuelvo a casa, lo aparco cómo estaba y me voy a dormir.
Segundo. Al día siguiente, me levanto a las cuatro de la tarde, agarro la bicicleta y voy a la plaza del pueblo, a ver si había ambiente. Llego y están todas las chicas de ayer, Ana, Elena y Laura.
- Hola chicas, ¿al final que hicisteis ayer cuando me fui? – les pregunto.
- Pues volvimos a la Sala 13, Josito llegó al área de descanso al rato de qué te fueses. No les dió ganado a los de Portorrey. – respondió Ana.
- Me cago en Dios, pues no sería por coche, el GT Turbo contra el 11 gana por goleada, y si me apuras, al 205 también. – le respondí.
- Para de hablar de coches, siempre estáis con los coches. – me respondió Laura.
Estuvimos hablando un poco hasta que llegó Toño y Miguel con el 309 del padre del último.
- Hemos oído que los de Portorrey van chafardeando de que nos pulen en los piques. – dice Toño y asienta con la cabeza Miguel.
- Pues mejor masticar y tragar, haberles ganado. – les dice Laura.
- Josito tiene la máquina, pero claro, las manos, nanai. - dice Toño lamentándose.
Todos se quedan callados.
Al rato, Toño y Miguel me dicen si voy a dar una vuelta con ellos, que tenían una sorpresa para mí. Montamos en el 309, las chicas se quedan. Se meten en una pista de tierra y aparcan al lado de una finca cerrada hace años, y que no se veía lo que había en el interior.
- Vas a flipar con lo que hay aquí, lo ha descubierto Miguel mientras venía a mear. – dice Toño.
Saltamos la verja y Miguel ya tiene hecho su caminito de venir otras veces. Vemos una pequeña cuadra y Toño la abre con sumo cuidado, levanta unas lonas y me quedo de piedra. Un SEAT 124 preparado para competición, tirado en la cuadra, con pegatinas de los Rallyes de Orense desde el '80 hasta el '83. Modificaciones, unas cuántas, barras de competición artesanales, contra amortiguadores (hacían que el coche no derrapase), motor con cuatro carburadores, bloque 2.0 procedente de SEAT 131 Diplomatic, grupo corto, llantas BWA, neumáticos de tierra y un sin fin de pijadas.
El coche había sido de un vecino del pueblo, corría en carreras a principios de los '80, pero se mató en un Opel Manta de un amigo haciendo el gilipollas, literalmente. Pensábamos que el coche ya ni existiría, que sus padres lo venderían o lo mandarían al desguace, pero allí estaba, ya ni me acordaba ni de como era, a penas tenía recuerdos y eran vagos, muy vagos recuerdos.
Las especificaciones, las había deducido Miguel, por los papeles de homologación en la ficha técnica. También dedujo que el coche llevaba parado desde esa época, '83 – '84, que fue cuando se mató el dueño y los padres se mudaron. Lo que teníamos claro es que ese coche estaba abandonado a su suerte y por un tiempo lo debíamos disfrutar nosotros.
Hicimos unas cuántas pruebas y no arrancaba. Fallaba la bomba de gasolina, el depósito seguramente estuviese podrido y el sistema de encendido, también estuviese en las últimas.
El lunes por la tarde fuimos al desguace con Josito y le contamos lo del 124. Conseguimos todo el material de un 124 1800, en perfectas condiciones. Pagamos 5.000 pesetas por todo.
Llegamos a la cuadra y lo montamos todo en dos días, después de calibrar el encendido muchas veces, el coche arrancó. El siguiente paso, montar gomas, suspensión en mejores condiciones de segunda mano y una puesta a punto mecánica. También lo puliríamos y adecentaríamos estéticamente. Hasta le pusimos una matrícula de Madrid, procedente de aquel 124 del desguace.
Dos semanas después, un sábado por la noche, quedamos en ir a la Sala 13, yo llevaría el 124. Lo saco de la finca, perfectamente segada para sacarlo, y me dirijo a la discoteca. Ésta vez, aparte de los colegas con sus hierros, estaban los de Portorrey y más quemados, con Kadett GSi, Fiat Uno Turbo, etc…
Llego y todo el mundo se queda mirando para el 124, estaba muy preparado y cantaba demasiado, también hay que decir que yo mismo, iba empaquetado de todo entre los arneses y las barras. Aparco junto a los colegas y las chicas se quedan asombradas al ver el 124.
- Pablo, ¿y esto? – pregunta Laura.
- Pregúntaselo a tu novio. – le respondo desde el coche.
Los de Portorrey se quedan mirando y los colegas les dicen a las chicas que se esperen aquí, que volvemos en un ratito, montamos todos y Elena se monta en el 124.
- ¿Qué coño haces? – le pregunto nervioso.
- Conduce y cállate. – me ordena.
Salimos picando rueda y los de Portorrey, junto con algunos quemados vienen detrás nuestra.
- Ponte el arnés, J@$~#R. - le digo a Elena
- ¿Y cómo se pone? - me pregunta.
- J@$~#R, entonces, ¡agárrate fuerte!
Entramos en la nacional y adelanto a los colegas sin ningún miramiento, sin respetar la doble raya continua y les saco cada vez más distancia, a lo lejos consigo distinguir muchas luces más, unos seis coches más o menos. Pero no es oro todo lo que reluce, el 124 es trasera y nunca había conducido un trasera. El coche se me deslizaba de lado y tenía que ir soltando y corrigiendo la trayectoria poco a poco, debido a esto, cada vez, algunos coches que venían detrás, los veía más cerca.
Cada vez se acercan más, la posible competencia, dos coches, son los que más posibilidades tienen de alcanzarme. Pongo intermitente y tuerzo a la derecha, llegamos a una comarcal, rebajo a segunda y la exprimo, tercera y lo mismo, el tramo es perfecto, todo el tiempo curvas abiertas y soltando por si acaso, pero a la salida de cada curva abierta, la diferencia con los demás coches, es bestial. Nos acercamos a curvas demasiado cerradas, en las que reduzco con demasiada sangre fría, la suspensión pega botes al trazar la curva, pero por lo menos no derrapaba, salí exprimiendo segunda y entro de nuevo en carretera nacional. Pero trazo mal y se me cruza en plena carretera.
Un coche se consigue colocar detrás mía, era un Fiat Uno, suponía que era el Turbo y no supuse mal, al rato de ir pegado, pasamos directamente a ir a la par. Pasamos por delante de un Patrol de la Guardia Civil, instintivamente aceleré más y más. El Uno Turbo frena y se para en el arcén, yo sigo de frente, el Patrol arrancó y paró detrás suya, veía a los de Portorrey haciendo lo mismo, cruzar delante de ellos a toda pastilla y parando.
Me meto por una pista que nos lleva al pueblo, Elena está aún más nerviosa que yo, y mira que yo hasta temblaba. Llevo a Elena a su casa, voy hasta la finca y guardo el 124 en la cuadra. Me vuelvo a casa, mañana será otro día.
Al día siguiente, me viene buscar a casa Miguel, y me cuenta todo lo que pasó cuando me fui. Al parecer, el del Uno Turbo quería saber quién era el conductor del 124, y se puso a preguntar a todo el mundo en la Sala 13, se acabó enterando por los de Portorrey.
Fuimos a la cuadra dónde teníamos el 124, al rato llegaron Josito y Miguel.
- Joooooooooooder, ¡ole tus cojones chaval! – me dice Miguel soltando carcajadas.
- Definitivamente, estás barrenado Pablo, escapar de la Guardia Civil, ¿a quién se le ocurre? – me dice Josito.
- Bueno, por lo menos las chicas no lo saben, no se vaya a enterar todo el pueblo.
- Sí que lo saben, por lo menos Elena. – replico a Miguel.
- Me cago en la Virgen, ¿le contaste algo ceporro? – preguntó Miguel.
- No, J@$~#R, se montó en 124 antes de salir a la nacional. – respondí.
- ¿Y por qué cojones no la echaste?
- J@$~#R tio, vosotros ya saliérais con los coches. – le respondo a Miguel.
A la noche, más relajados y como si no hubiese pasado nada, Toño, Miguel, Josito, las chicas y yo, fuimos al bar del pueblo. Mientras estábamos echando una partida al futbolín, un chico con melena larga, llega y nos empieza a hablar:
- Hola, vosotros sois los del AX y el 205 que están ahí fuera aparcados, ¿no? – dice el chico.
- Si, ¿qué quieres? - le responde Miguel mientras está atento a la partida.
- Pues bueno, ayer a la madrugada, en la Sala 13, andaba con vosotros un chavalín con un 124, ¿sabéis dónde lo puedo encontrar?
- Sí, es éste de aquí. – dice Laura mientras me señala.
- Me cago en Dios. Laura, eres tonta, definitivamente tonta. – le dice Toño.
- No pasa nada. – respondo.
El chico me pide que me siente con él en una mesa, me cuenta que es el dueño del Uno Turbo y que quiere conocerme. Le dejo mi sitio a Elena para jugar al futbolín y empiezo a hablar con el chico. Me comenta que me pase por una zona de quemados de Lugo y pregunte por "Casares", su apellido, y ya me decían donde paraba él exactamente.
- Pues perdona, pero es que ni tengo carné. – le interrumpo.
- ¿No tienes? Por eso escapaste de la Guardia Civil ¿no? – me dice riéndose.
- Correcto.
- Bueno, pues tu dirás, si eso pásate o como tu quieras… ¡Nos vemos chaval!- me dice mientras se marcha.
A pesar de todo, no iba a ir, lo tenía claro, una y no más. Si me pillaban arruinaba a la familia, y no estoy por joderle la vida a mis padres ni mucho menos, a mí. A partir de esto, no tocamos mucho el 124, lo dejamos en la cuadra y algunas veces íbamos andar con él, pero por las pistas de tierra. A los dos meses, el motor gripó por falta de lubricación, el bloque se debió rajar y pasó lo que pasó.
PD: De aquí, ya pasamos a 1994.
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Hay mas, los voy colgando poco a poco
