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Bueno, aquí os dejo un cacho intermedio, sobre lo que pasó antes de sacarme el carné y comprar el Fiesta. También explico que le pasó al 124.
10 de marzo de 1994 - 15 de marzo de 1994.
Había pasado mucho tiempo desde el rollo del 124, las piezas que le compramos, se las vendimos a los gitanos y con eso pusimos para una pequeña fiesta en casa de Miguel, pero eso ya fue hace un año. Acababa de cumplir los 18 años, estaba que no cagaba, quería sacarme el carné y comprarme mi pirmer coche. Siempre le estaba con el cuento del carné a mi madre, día si y día también, pero bueno, la palabra la tenía mi padre. Un día, estaban hablando en la cocina del tema, mi padre cenando y mi madre intentando convencerlo:
-
Pablo tiene que sacarse el carné de conducir, todos lo tienen y él no va a ser menos, además, ya sabes que el no quiere ser un estorbo para los amigos, pidiendo favores como que lo vayan buscar y todo eso. - dice mi madre.
-
Bueno carallo, ¿tu quieres que tu hijo se mate?
-
Mira, Pablo lo tiene que sacar, ¡sí o sí! Ya se ha pasado un año sin trabajar por tu tontería de no sacarle la licencia de la motoreta - le replica mi madre, ahí mi padre se calló y no le contestó.
Me marché a la habitación cagándome en Dios y en todos los santos, el padre que me inculcó todo lo que se de coches, gracias a revistas y a llevarme a competiciones de coches, ¿suelta esa tontería como excusa para no sacarme el carne? Es que tiene huevos tio.
Al cabo de unos dias, mi madre le volvió a recordar el tema y mi padre pasó de pleno. Me levanté del sofá en donde veía la tele, saqué la llave de repuesto del Orion de un cajoncito, agarré el Orion y lo arranqué. Fui a dar vueltas por el pueblo, un par de ellas, en 10 minutos vuelvo a casa y mi padre está esperándome en frente de casa.
-
¡Chavaaaal! - me grita mi padre.
-
¿Me he matado? - le contesto en tono sarcástico, mientras bajo el elevalunas eléctrico.
-
Me cago en Dios, ¿tu estás loco? - me dice mientras viene hacia mi puerta y me saca del coche, agarrándome por la camiseta.
-
Mira, o saco el carné, ¡o te pillo prestado el Orion por la noche! - le digo en tono amenazante, y como si nunca se lo hubiese cogido.
Como arte de magia, a la mañana siguiente, mi padre me avisa por teléfono de que ya tenía plaza en la autoescuela, que al día siguiente empezaba. Dios, ¡estaba que no cagaba!
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Después de dar una vuelta por el pueblo, bajé a Lugo a comprar música, Dire Straits, Rolling Stones y ¡cómo no! Siniestro Total. También compré cintas para grabar, que el Fiesta llevaba radiocassette. Me paré a tomar un café y a las diez de la noche, me volví al pueblo.
Por la carretera, comarcal, venía un coche zumbando detrás mía, un GT Turbo amarillo, llevaba todas las p#%@$ luces encendidas. Pero pa chulo mi pirulo, estiro segunda subiendo, reduzco para pasar una curva cerrada y vuelvo a estirar, el GTT sigue detrás, hay que sacrificarse más, recta grande y cambio a tercera, me aproximo a una curva cerrada pero con cuesta arriba, reduzco segunda y subo a cuchillo. En el tanteo, miro por el retrovisor y no veo ninguna luz, reduzco y reduzco hasta que me quedo parado en el arcén.

Me temí lo peor, así que di la vuelta hasta que lo encontré, el GTT estaba parado al lado de la cuneta y me puse a su altura, bajé la ventanilla y empecé a hablar con él:
- ¿Algún problema? - le pregunto.
- ¡Buuuf! Si neno, se ha parado aquí de repente, ¡lo he intentado "agrancar", pero el chisme no va! - me contesta.
Paro junto a él, saco la linterna y abro el capó, por lo menos no me pasó lo mismo que Toño de equivocarme por donde abre el capó (los Supercinco también abren por detrás). Mirando y mirando me fijé en las correas, había roto la correa del alternador, le pregunté si tenía una, ya que yo tenía herramientas y cables para instalarla y arrancarlo.
- Nada tio, no tengo nada de eso. - me contesta dándole un golpe al techo del Supercinco.
- Pues mira, ¿vives cerca?
- Si, a cinco kilómetros más o menos. - me contesta.
Le propuse remolcarlo, tenía una cuerda en el maletero con un gancho que había sacado del Escort del desguace. Lo llevé hasta su casa y me ofreció dos mil pelas, pero se las rechacé.
- Quita, quita. No es nada hombre. - le contesto al ofrecerme las dos mil pesetas.
- ¿Y éste Fiesta? Está precioso. - me dice encendiéndose un pitillo.
- Lo acabo de comprar y le he hecho alguna que otra cosa, autoblocante y frenos del RS Turbo. - contesto alardeando.
- ¿Del Fiesta? - me pregunta admirado.
- No, del Escort, del Escort.
- ¡Aaaaah! Yo a ver, llevo un par de semanas con la caja destrozada y el turbo, según mi mecánico, tengo que cambiarlo. Además, que cuando voy en marcha suena muy mal, como si tocase contra algo, aparte de que hace mucho más "gruido". - me dice lamentándose.
- Yo de turbos, ni p#%@ idea, pero éstos trastos van fenomenal, un colega de mi pueblo tiene un GTT como el tuyo, pero rojo.
- ¿OR-K? - me pregunta.
- Correcto. Bueno, me voy a casa que tengo que cenar y dormir, que he quedado. Encantado. ¿Por cierto, cómo te llamas? No me lo has dicho. - le pregunto, mientras abro la puerta del Fiesta para irme.
- Aaaah, me llamo Roberto, pero la vasca me llama "Jrober", supongo que supondrás el por que. - me contesta riéndose.
- Pues eso "Jrober", encantado y espero no volver a remolcarte, que no quiero un ambientador con olor a embrague. - le digo riéndome.
- Igualmente y "jracias" por todo neno, ¿y tú como te llamas? - me contesta, también riéndose.
- ¡Aaah, ostia! Me llamo Pablo. - le contesté.
- Pues nada Pablo, "jracias" y un saludo. - me contesta despidiéndose.
Al ir saliendo le cedí el paso a un Sierra Cosworth, que entraba en su casa. Volví a casa y me puse a grabar los cassettes para ir mañana al Miami.
Era el día que había quedado para ir al Miami, me levanté a las once de la mañana para limpiar el Fiesta. Manguera, aspiradora, música recién grabada y chanclas, la combinación perfecta para lavar el coche. Estaba reluciendo, era la primera vez que lo lavaba y no quedó nada mal.
A la tarde, llené el depósito y fui a buscar a Elena. Llegamos al bar, en donde nos esperaban Miguel y Josito apoyados en el 205:
-
Coño Miguel, mira la parejita feliz. - dice Josito y Miguel se rie.
-
Coño Pablo, mira las mariconas amargadas. - le contesta Elena.
-
Nos está bien Josito. - dice Miguel riéndose.
Miguel y Josito se montan en el 205, salen zumbando y picando rueda, Elena se pone las manos en la cabeza a lo que yo arranco y se me cala. Se ríe Elena y yo arranco en condiciones, pillamos al 205 y rumbo a Lugo.
Llegamos al Miami, dentro hay unos cuantos quemados de una peña conocida, "A Machete Sport", junto a sus coches. Un Supercinco GT Turbo rojo, con Braid, backets y la pegatina de la peña en la luna trasera. Un Kadett GSi 16v blanco, llantas de Opel Calibra, con la misma pegatina en la luneta. Un Honda Civic VTi (un guiño al Club Honda Spirit), rojo con unas Monoblock multipalo blancas, matrícula de Gran Canaria y para rematar, un Fiesta XR2i con la pegatina en la luneta. También está el Sierra Cosworth que vi entrar en la casa del dueño del GT Turbo amarillo de ayer, pero sin nadie al lado.




Salimos todos de los coches, nos juntamos al lado de mi Fiesta.
-
No hay mucho ambiente. - dice Elena.
Al acabar de decirlo, entra un Toyota Celica a toda ostia. Entra y le dice a los de "A Machete Sport", que dos se van a picar subiendo por una comarcal famosa, vamos, una carrera.
-
¡Hay lío! - dice Miguel emocionado, mientras se frota las manos.
Los de la peña, se montan en los coches y tiran escopetados hasta donde va a ser la carrera. Miguel sale y yo detrás de él. Por el camino ya habíamos perdido a los de la peña, de repente, Miguel se aparta a la cuneta:
-
¿Qué ha pasado? - le pregunto a Miguel.
-
Pinché. - me contestó cagandose en todo.
-
Cambia la rueda y nos vemos allí. - le digo.
-
Sí, ¡a ver con qué!-
¿Cómo qué con qué?-
No tengo rueda de repuesto, la quitó el anterior dueño por el peso y me la entregó, pero con las prisas de andar con el coche cuando lo compré, la dejé en el garaje con la intención de colocarla al día siguiente. - me contesta lamentándose y cagandose en todo, aún más que al principio.
-
No te preocupes, es un PSA, le vale mi llanta. - le contesto.
Aparco detrás de él, miro su rueda y detrás nuestra, se para el Ford Sierra Cosworth que viera la noche anterior y se baja el copiloto:
-
¡Pablo! ¿Necesitas ayuda no? - me grita Roberto, "Jrober para la vasca".
-
¡Coño! No hace falta, gracias Roberto.
Se baja el conductor del Sierra y me quedo asombrado. Era Casares, el chico que preguntaba por mí de cuando llevé el 124 a la Sala 13, hace dos años:
-
¡Coño! - digo asombrado.
-
¿Qué tal el 124? - me pregunta.
-
Gripó el año pasado. - le contesta Miguel.
-
J@$~#R, vaya putada. - se lamentó Casares.
-
Carlos (nombre de Casares), éste es el chaval que me remolcó anoche. ¿Lo conoces? - preguntó Roberto.
-
Si, hace un par de años que lo conocí en la Sala 13.
Mientras Miguel cambiaba la rueda, Casares me contaba que el Uno Turbo lo entregara en un compra-venta a cambio del Cosworth y que le salía por buen precio, por eso lo compró. Roberto era su hermano pequeño, tres años más joven.
Al acabar Miguel de montar la rueda, Casares nos propone ir a tomar algo, a lo que todos aceptamos. Llegamos a un pub de máximo nivel, tipo "años 30", nos sentamos en esos enormes sofás y empezamos a hablar:
-
Ya me contó mi hermano que tenías el Fiesta algo preparado. - dice Casares encendiéndose un pitillo.
-
No es cosa de otro mundo. - contesto, también encendiendo un pitillo.
-
Pero bueno, ¡tiene su aquel! - responde Casares.
Acabamos hablando de nuestros coches y de la experiencia del 124, echamos toda la tarde en el pub. Al salir, Casares me propuso de nuevo, ir a aquella zona que me dijera hace dos años. Acepté de ir y Miguel también se apuntaba.