Lunes, 25 de noviembre de 1996. (continuación)
Después de otro par de intentos más, el coche no arrancaba. Sara me dice:
-
Abre el capó.
Acciono el cable y abre el capó, se queda mirando un momento y dice:
-
¡J@$~#R, Pablo! - exclama, riéndose -
¿Y el cable de la bobina, tío?-
Aaaah, ¡ostia! - digo, dándome una palma en la cabeza -
Espera...
Abrí la guantera y allí estaba, tonto de mí se lo quitara en la granja para joderle las cosas a los 'cacos' por si los hubiese, no me acordaba de ello. Sara le colocó el cable e intenté arrancarlo de nuevo. Nada más girar la llave, el cacharro arrancó:
-
J@$~#R, ¡qué bien arrancó! - exclamé, orgulloso -
¡Me cago en la p#%@!
-
¡Bueno! Tampoco es para tanto, la bomba debió de mandar cinco litros de gasolina para arrancar. - decía Sara, riéndose.
Colocamos las placas de matrícula y dejé la documentación del mío debajo del asiento, salimos del garaje para llevarlo a lavar a un taller, le hacía bastante falta.
¡Bueno! Volvamos a lo que nos interesa, el envío a Portugal con Sara. El plan consistía en quedar con Cachiro en un pueblo de las afueras para recoger la mercancía, exactamente un kilogramo de cocaína. ¿Y por qué en un pueblo de las afueras? Cachiro se había vuelto un poco paranoico desde que tomó el mando hace un tiempo, volvía a ser el 'perfeccionista'. Alquiló una casa a nombre de su abuelo en Veral, el pueblo en donde él solía veranear de pequeño con sus primos, allí almacenaría todo lo que pudiese comprometerle en su contra, veáse su Opel Kadett con el injerto del 16v, el Kadett robado y por último, el 325i. Eran coches asqueados para la Policía, casi tanto como mi Escort y mi Fiesta, según él debían estar fuera de servicio durante un buen tiempo para calmar la situación. Yo no le hacía bastante caso en ese aspecto, ya os digo que estaba usando los dos coches y teníamos a García de nuestra parte, no me preocupaba. Y, aunque tuviésemos a García de nuestra parte, la cosas ya no eran como antes como cuando estaba Casares, a García solamente le veíamos cuando nos reunía Paquiño a todos y eso solamente para repartir el 'pastel' y cada uno por su camino.
Llegamos a Veral, la casa que había alquilado Cachiro fue en sus tiempos una especie de pazo hace bastantes años, vamos, era una casa para gente de pasta. Aparcamos dentro del patio, junto al Peugeot 406 que usaba Cachiro durante ese tiempo para calmar la situación, nada más salir nosotros del coche, Cachiro salió de casa en albornoz y con un cigarro en la boca, portando una bolsa de deporte:
-
¡Buenas! Aquí tenéis todo, exactamente un kilogramo y unas 30.000 pesetas para el viaje. - decía, mientras no entregaba aparte un sobre que contenía el dinero.
-
Perfecto, en cuanto lo entreguemos, ¿te llamamos, no? - le pregunté.
-
Noooo, ¡por Dios! - exclamó -
Llamar desde Portugal sale caro de cojones. - decía, riéndose.
-
Pues eso, ¡vamos tirando! - dijo Sara.
Ocultamos la mercancía en el coche y salimos del pueblo, conduciría yo hasta llegar a la frontera y después Sara, volvimos a Lugo para pillar el enlace a carretera nacional y ya en la ciudad, nos cruzamos con un viejo conocido:

Efectivamente, nos habíamos cruzado con mi gran amigo, el del GT Turbo rojo.

Pensé en dar la vuelta y darle una panadera, pero pasé de hacerlo, llevaba una sustancia en el coche que a lo mejor me metía diez años en chirona y tal. Más adelante, cuando me disponía a salir de la ciudad para pillar el enlace a carretera nacional, solamente estaba el Escort parado en un semáforo de una intersección cuando delante mía, se colocó un Seat Ibiza bloqueándome el paso. Instintivamente, empecé a tocar el claxon, pero nada más acabar la primera pitada, a nuestro lado se colocan dos coches. El que estaba colocado a mi lado era un Volvo 850 T5 amarillo, matrícula de Madrid, estaba colocado de tal forma que la ventanilla de los pasajeros (aún por encima, tintada) de la zona trasera coincidiese con mi ventanilla, también estaba invadiendo el sentido contrario.

Al otro lado se colocó el famoso GT Turbo rojo, ocupando el arcén. Al instante, mientras intento reaccionar bajando ambas ventanillas, se baja la ventanilla del ocupante trasero del Volvo. Al bajarse la ventanilla por la mitad, cruzo la mirada con un hombre de mediana edad:
-
¡Buenas, chaval! - me saluda -
¿Qué tal le va al tonto de Casares en la cárcel? - me pregunta, riéndose.
-
Pero, ¿qué cojones te pasa a ti? - le digo de mala ostia, saliendo del Escort y pegándole un portazo al mismo.
Pero, nada más cerrar la puerta del Escort, el tío saca una pistola por encima de la ventanilla del Volvo:
-
¿A mí? A mí no me pasa nada. Y como sigas en ese plan, ¡al que le va a pasar algo va a ser a ti, gilipollas! - exclama, intimidándome con la pistola -
Móntate en el coche y sigue como estábamos, anda, ¡va a ser lo mejor!Me monté en el Escort y cuando ya estaba dentro, me dice el fulano:
-
¿Quieres trabajar para mí. chaval? Si me apuras, te puedo mejorar la oferta de Paquiño por este trabajo, ¿sabes? - me pregunta, guardando el arma.
- ¡NO! ¿Sabes? - contesta Sara, burlándose de él.
-
¡Buuuuuuf! Vaya humos tiene tu morena, colega. - dice el del GT Turbo desde el otro lado, riéndose.
-
¡Eeeeh! Ni se te ocurra a ti dirigirme la palabra, ¡y menos a ella! - lo avisé.
-
¡EEEEEEH, PERO QUÉ ME CAGO EN DIOS PASA! - al acabar de decir tal lindeza, saca la pistola y dispara al aire -
Mírame a mí, chaval. ¡Te estoy hablando! - me decía el del Volvo.
Las cosas se estaban poniendo serias, estaban empezando a temblarme las piernas de la situación y aquello no tenía pinta de llegar a buen puerto.
-
Sabemos qué lleváis un kilogramo de fariña por ahí metido. - dicé, señalando con el dedo el Escort -
Así que tenéis dos alternativas, ¡o me entregáis la coca y empezáis a trabajar para mí, o por contra, os quitamos la coca y aún por encima, os pegamos dos tiros. Así que no os quejéis tanto, que hasta se parece a un 1, 2, 3 para tontos. - nos dice, riéndose.
-
¡Sí, sí! - dice uno de los guardaespaldas que iba en el Volvo -
O el apartmanto en Torrevieja o irse con la manos vacías. - decía, así como se lee puede parecer tonta esta contestación, pero con lo que intimidaba su voz, nadie tuvo cojones a reprocharle tal gilipollez.
-
Ni de coña, ninguna de las dos. ¡HIJOS DE p#%@! - excalama Sara -
¡Mete marcha atrás y vámonos de aquí, Pablo!
Nada más decirme Sara eso, me quedé bloqueado, pero al ver que el del Volvo volvía a sacar la pistola, instintivamente metí reversa y salimos de allí picando rueda hacia atrás. Hice un giro de 180º y me coloqué mirando al sentido contrario, mientras picaba rueda en primera escuchaba al del Volvo disparar hacia el Escort, ningún disparo llegó hasta nosotros. Cambié a segunda y a tercera, el Escort perdía rueda de la manera en la que entregaba potencia y a lo lejos por el retrovisor, veía acercarse al Supercinco GT Turbo rojo y detrás se intuía algo del amarillo del Volvo.
-
Cómo ese soplillo se acerque algo más a nosotros, ¡estamos perdidos! - exclamé.
-
¡J@$~#R, chaval! - exclamó Sara -
Qué negatividad. - me decía Sara nerviosa, con las manos tapando boca y nariz.
Mientras estiraba cuarta como un poseso, se acercaba una curva algo cerrada de carretera nacional, pisé embrague y metí tercera, sin soltar embrague hasta salir de la curva, dejando embalar el coche por curva. Ya en recta volví a cambiar a cuarta, el Supercinco y el Volvo se acercaban más, aunque mi Escort fuese rápido, ellos andaban que ni su p#%@ madre. Pillé un desvío hacia un pueblo, me esperaban bastantes curvas y pensé que ahí los despistaría. Pero, a medida que avanzaba el camino, veía como Sara se ponía cada vez más nerviosa, la veía muerta de miedo y eso me hizo conducir de una forma aún más agresiva de lo que ya lo hacía. Hasta que ví como a Sara se le caía una lágrima por la mejilla, ahí ya me cambió de todo el chip, pisé embrague e hice un cambio de sentido impresionante, con su correspondiente chirrido de ruedas. Empecé a pisar a fondo, a medida que se sucedían un par de curvas, primero me encontré con uno de mis perseguidores, el GT Turbo rojo. Me coloqué en su sentido, de cara hacia a él, sabía que él apenas tenía cojones para afrontar una situación así, le dí un toque de largas con los largo alcance e inmediatamente se apartó a la cuneta, quedando allí atrancado de lleno. Sólo me quedaba encontrarme con el del Volvo y unos metros más adelante topé con él, venía en sentido contrario y me lo crucé a toda ostia, no le hice lo mismo que al del Supercinco, no sabía como reaccionaría el conductor del Volvo. Llegué a la nacional en donde pillé dirección hacia la ciudad, allí estaría a salvo. Por el camino:
-
Pero, ¿tú no eras la chica dura de la película? - le pregunté a Sara, mientras controlaba los retrovisores.
-
Sí, pero nunca habían intentado pegarme un tiro. - decía, nerviosa.