Viernes, 2 de agosto de 1996 (continuación).
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¡Hoy en día, tío! No es cómo cuando empezábamos. - le grita Casares a Cachiro -
Los sudacas se están empezando a asentar con su propia 'farlopa' y nosotros, ¡míranos! ¡Cuatro paletos que aún dependemos de los coruñeses hasta para vender un gramo! - exclama -
Aún nos queda aguantar muchas más mierda para volver a ganar dinero como lo hacíamos hará un año. ¡Por eso mismo, fiché a Sara!- ¡¿Para qué?! - exclama Cachiro, enfadado -
¿Para montar burdeles, J@$~#R?-
¡¿Pero qué dices, gilipollas?! - exclama Sara, al escuchar a Cachiro -
¡Me cago en Diooos!-
Pero, ¡¿Cachiro?! A tí te faltan primaveras, ¡tío! - levanto la voz, pero sin pasarse -
Relájate y deja que Casares hable, no nos pongas de mala ostia a los demás, ¿de acuerdo?-
¿Estamos o no estamos? - dice Casares, enfadado -
¡A ver! Os comento el plan. Por ahora, conmigo en la cárcel, no es buena idea volver a andar con la 'harina'. ¡Volvemos a los porros y fuera!-
¿Y cómo? Has borrado del mapa a los chachos. - dice Cachiro, en plan 'sabelotodo' -
¡Qué yo sepa, eran ellos quién nos conseguían los porros!-
¡Tranquilízate! ¡¿Vale?! He conseguido distribuidores en estas últimas semanas.
En efecto, Casares ya había organizado un nuevo 'modus operandi'. Lo había estado preparando desde mi incidente en Baiona unos meses atrás. En veinte minutos nos contó el 'modus operandi' así por encima, con una tranquilidad y una seguridad en sí mismo, increíble. Al cabo de esos veinte minutos, García nos recomendó despedirnos de él, la visita había finalizado. Cuando nos despedíamos, Casares nos entregó bastante documentación, desde post-it con números de teléfono de contactos anotados que nos debían favores, pasando por localizaciones y números de distribuidores de toda Galicia, hasta varios documentos que implicaban a ciertos 'conocidos' locales que conocíamos de estar metidos en el rollo de la droga. ¡Todo iría sobre ruedas si seguíamos la documentación que nos había entregado Casares!
Viernes, 9 de agosto de 1996.
Hoy era el día del juicio de Casares. Llevaba toda la semana en el pueblo, haciéndole una visita a mi familia e intentando desaparecer por algún tiempo (lo último con más razón). Le conté a mis padres que habían arrestado a Casares, ellos ya lo conocían de venir él a buscarme al pueblo cuando yo vivía en él.
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Pero, ¿cómo carallo ha podido darle una panadera a un par de civiles? - se preguntaba mi padre, tildando de loco a Casares.
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Pablo, ¡es qué vaya compañías que te traes a casa! - aportaba otra granito de arena mi madre -
¿Eh?Les conté que él iba un poco bebido y los Guardias Civiles le habían tocado los cojones un poco. Pero, ¡bueno! Vayamos al caso, me puse un traje y mandé a mi abuela rezarle unas oraciones a Casares, ¡por si acaso, vamos! Me acicalé la de Dios, parecía que iba a la boda de Casares en vez de a su puerta de entrada al 'trullo'.
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Pablo, ¿qué? - me saludaba Sara por el móvil -
¡Han pasado quince minutos y no has apareciedo por aquí! - decía, ya que había quedado con ella quince minutos atrás en un área de servicio, cerca de mi casa.
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¡Ya voy, carallo! Ya voy. - le contestaba, subiéndome al Escort -
¡Estoy llegando! - le mentí, obviamente.
Llegué al área de servicio y allí estaba ella, en cuanto me visualizó, arrancó su coche y se dispuso a iniciar el trayecto hacia los juzgados. En el trayecto, se me dió por pensar en volver a dejarlo, eran muchas mentiras contadas a mi familia, a viejos conocidos y por supuesto, a mis amigos de siempre. Intenté dejar de pensar en tonterías:
"¡Mírate, Pablo! Estás conduciendo un coche que no tendrías si estuvieses trabajando de soldador. Vives en un duplex, ¡chaval! Llevas puesto un traje de 50.000 pesetas de 'Adolfo Domínguez' y un Lotus de máximo nivel. ¿Qué quieres? ¿Volver a ser el paleto qué eras, lidiar de nuevo con los de Portorrey, pedirle dinero a tus padres para vicios o lo qué es peor, dejarlo tal y cómo están las cosas, temiendo represalias por parte de Casares?" Corría el riesgo de que Casares me 'escarallase vivo', solamente decir que Paquiño estaba en la documentación que nos había entregado Casares, en la lista de "ciertos 'conocidos' locales que conocíamos de estar metidos en el rollo de la droga". Si podían traicionar a Paquiño, no me imagino lo que podrían hacerme a mí.
Volvamos al juicio. En la puerta de los juzgados, estábamos Cachiro, Sara y yo. Paquiño estaba con el abogado de Casares y García, obviamente, no se iba a dejar verse con nosotros. Entramos a la sala, el Guardia al que había agredido Casares, apareció con un collarín para impresionar a los jueces y con el informe del mismo día, redactado por el mismo y un par de compañeros suyos, el mismo día de la agresión. Por supuesto, el abogado de Casares lidió la de Dios para que ese informe no fuese válido y el juicio se guió por el redactado en la Comisaría de García. El juicio iba como nosotros queríamos. Al día siguiente:
Condenado a ocho meses de presión el joven lucence que agredió a un Guardia Civil dos semanas atrás.
El joven, C.C.G, ha sido condenado a cumplir ocho meses y un día en prisión, por orden del exmo. Juez..Eso mismo decía el titular de una pequeña noticia en la sección de sucesos locales del diario 'El Progreso', a sábado, 10 de agosto de 1996.
Miércoles, 21 de agosto de 1996.
Habían pasado un par de semanas desde que Casares había entrado en 'chirona', concretamente en el Centro Penitenciario de Monterroso, en la provincia de Lugo. Tema aparte, en todo este tiempo, aún no habíamos empezado a ponernos manos a la obra y ya empezábamos a recibir presión por parte de Paquiño:
"¡Me cago en Diooos! Al tajo, ¿eh? ¡No hace ni dos semanas qué Carlos se ha ido y ya empezamos a decaer! Como no empecéis pronto, ¡os daré de ostias hasta en el carné de identidad!"Con Paquiño de encargado, ¡es lo qué toca!
10:00h.
Mientras estaba en casa esperando órdenes por parte de Cachiro, fumándome un 'pitillo' y leyendo la prensa después de desayunar, empieza a sonar mi Nokia 232:
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Buenas, ¡fenómeno! - me saluda Cachiro -
¿Estás preparado?-
Sí, ¡de sobra, tío! - le contesto -
¡Estoy allí en cinco minutos!Cachiro, Sara y yo habíamos quedado en un área de servicio situada a las afueras de Lugo. ¿Razón? Un nuevo 'chollo' que había organizado Cachiro desde que Paquiño nos llamó la atención. Deberíamos ir a Monforte, ¿os acordáis de aquel gitano que nos recibió a Cachiro y a mí en un Opel Manta el mismo día en que conocí a Cachi? En Monforte, obviamente. Pues volveríamos a tratar con él, solamente que esta vez, le compraríamos el material nosotros. Tema aparte, Cachiro ya no estaba tan malhumorado como hacía dos semanas, la semana en la que metieron a Casares en el 'trullo', estos últimos días estaba de muy buen humor, debido a que era el 'mandamás' y eso, ¡le encantaba! Hasta nos trataba con amabilidad y todo, algo que últimamente, era muy complicado de ver.
Me monté en el Escort y salí directo al área de servicio, por el camino me encontré a un viejo conocido, el Golf GTi 16v al que Sara le había 'dado candela'. Carretera nacional sin mucho tráfico aparente, buen tiempo sin exceso de calor y mi RS Turbo con la temperatura adecuada, ¡blanco y en botella, hamijos!

Me coloqué detrás de él, le dí un par de ráfagas y me responde a la primera ráfaga acelerando a fondo, increíble, el fulano tenía ganas de juerga.
Pongo un casete que me había regalado Sara, perfecto para la ocasión, exprimo tercera e intento alcanzarle. Sobrepaso las 5.000 RPM, cambio a cuarta y peligrosamente, me voy acercando al Golf. En ese mismo instante, me digo a mí mismo:
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"¿Y esto es lo qué anda un 16v?"Me lo decía a mí mismo, básicamente porque no fue nada difícil acercarme a él a velocidades altas, zona en la que un '16v' me daría algo de trabajo. Cambio a quinta velocidad yendo a 4.000 RPM para dejarle ventaja al Golf, vuelvo a pisar a fondo y de vuelta me vuelvo a acercar al Golf. Aquello no podía ser un 16v, ¡imposible, vamos! Reduje a cuarta para adelantar al Golf y verle la cara al fulano, ¡a ver si era el mismo al qué Sara le ganó o no! Tiene cojones, le adelanto y era el mismo, solamente que esta vez, estaba acompañado de una chica muy mona. Instintivamente, bajo el elevalunas del 'copi' y reduzco un poco para lograr ponerme a su altura, el fulano hace lo mismo, baja la ventanilla y empieza a mirarme fijamente:
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¡Oye, tú! - exclamo -
¿Eso es un dieciséis?-
¿Cóoooomo? - no me oye.
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¡Si es un dieciséis válvulas, tío! - reitero.
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¡Nooo! - me responde, poniendo un careto de la virgen por la pregunta en medio de la nacional.
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¡Gracias! - le respondo, sin saber en donde meterme debido al espectáculo que le había brindado.
Acelero a fondo para dejar de lado tal situación, ¡había sido embarazoso! Era la ostia, el fulano llevaría 'sabe Dios' debajo del capó, ¡pero los anagramas de 16v bien qué se veían por toda la carrocería!
Llegué al área de servicio pasados diez minutos, allí solamente estaba Sara, metida en su Escort. Aparqué a su lado, bajé la ventanilla y empecé a conversar con ella:
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¡Coño! ¿Sabes con quién me he encontrado? - le digo.
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No sé, ¡sorpréndame! - me contesta.
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¿Te acuerdas del fulano aquel, al qué le diste candela cuando te conocí, el del Golf dieciséis, J@$~#R?-
Sí, me acuerdo. - se ríe -
¿Acaso te has picado con él? - me pregunta, sin parar de reírse.
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Pues sí. - le respondo -
¿Y sabes qué? Le he ganado, ¡hasta en quinta!-
Normal, ¡es un Golf 8v 'quemadísimo'! - me contesta, riéndose.
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Mira qué eres C@$&#@, ¿eh? - le digo, riéndome -
¡Tu bien que alardeabas de qué aquel Golf era un dieciséis!-
¡Hooome! Me enteré al poco tiempo, ¡no te creas qué voy de fantasma! Pero, antes de quedar mal, pues no te lo conté. - me contesta.
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¡Si lo qué tu desbordas es humildad, tía! - le contesto, riéndome.
En ese mismo instante,
aparece Cachiro con su Kadett con la música a tope:

Aparca en frente nuestra y se baja del Kadett sin apagarlo, se enciende un cigarro y se acerca hacia nosotros:
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¡Figuras! - nos saluda -
¿Camino a Monforte o qué?-
Espera un poco, tío. - le contesto -
Hemos llegado diez minutos antes a la cita. - al acabar la grase, me enciendo un 'pitillo' con el encendedor del coche.
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¿Qué tal andáis? - nos pregunta.
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Pues, ¡de p#%@ madre, tío! - le contesto, mientras le pego una calada al cigarro apoyado en el lamelunas de la puerta.
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Yo, ¡lo mismo! Espero empezar mi primer día de trabajo con buen pie. - contesta Sara.
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Tranquila, Sara. ¡Tu ya has empezado con buen pie el primer día en qué te conocimos! - le contesta Cachiro, refiriéndose a sus atributos.
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¡Correcto, correcto! - digo, riéndome.
Pasamos un rato más hablando sobre nuestras gilipolleces hasta que Cachiro ordenó de empezar a 'chollar', para ello, emplearíamos los dos RS Turbo, ya que el Kadett GSi de Cachiro aún estaba fichado de la 'época de la coca'. Cachiro vendría conmigo y Sara ya iría por su cuenta hacia Monforte, quedaríamos en una famosa plaza de la ciudad, la Plaza del Colegio de la Compañía de Monforte. Sara ya estaba de camino y nosotros aún estábamos en el área de servicio, no se que cojones estaba buscando Cachiro en el maletero de su Kadett:
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Toma, ¡pon este casete y pon el volumen 'a tope'! - me dice, mientras se vuelve hacia su Kadett para aparcarlo y cerrarlo.
Pongo el casete y me quedé de piedra, ¡Siniestro Total! J@$~#R, ¡era el tema perfecto para la ocasión! Emprendemos camino, ante todo, ¡con mucha calma! Y salimos del área de servicio.
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Tú esta cinta no la tenías, ¿o qué? - me decía Cachiro, ya que bien sabía que a mí me encantaba Siniestro.
-
No, ¡pero tengo el VHS! - le contesto, riéndome.
-
Si la quieres, ¡te la regalo! - me dice.
El camino hacia Monforte lo pasamos sin ningún incidente, algún pequeño susto con algún radar que al final no era tal y cosas del estilo, ¡pero sin fallo! Por el camino anduvimos hablando sobre Sara, le pregunté a Cachiro si la conocía de algo más o si me podía dar algo más de 'info' sobre ella, lo qué me respondió:
"Pues, según Casares. ¡Es dinamita la tipa! Tiene una mala ostia que flipas, ni la de Casares cuando le robaron el Cosworth. La contrató, no solo por eso, ¡si no por algunos rollos qué hablaba la gente sobre ella! En Ourense, obviamente.
Ella 'operaba' con un paisano suyo allá por Ourense, robaban piezas de coches por encargo y pasaban porros, lo típico, ¿no? Hará un año, se empezaron a torcer las cosas en Ourense, cambiaron de Comisario de Policía y este, ¡andaba detrás de Sara y su colega a saco! Al final, los consiguieron pillar, pero simplemente les consiguieron cazar por una pijada, pijada que al final, ¡les salió cara!
¡Y ya no se nada más! Esto me lo contaron así, muy por encima, un viejo conocido de Ourense."Llegamos a la Plaza del Colegio de la Compañía de Monforte, allí ya estaba Sara esperándonos en su RS Turbo, en frente de una churrería.