Con vuestro permiso pongo la continuacion:
31 de julio de 1995.
A los tres dias del incidente, el periódico
El Progreso le dedica la portada al incidente:
Dos jefes de una mafia local, relacionada con las drogas, hallados muertos en un coche calcinado .
Cuándo leí la noticia, pensé que el mundo se nos venía encima. Llamé a Cachiro:
-
¿Leíste el Progeso, tío? - le pregunto.
-
Sí, me ha llamado Casares para que vaya al zulo. También vienes tu, te iba a llamar en cinco minutos. - me contesta.
-
Vale, ¿a qué hora?-
A las cuatro de la tarde, en su zulo. - me contesta.
A las cuatro llegué al zulo. Estaban Casares, Paquiño, el Comisario, Cachiro y ahora yo. La conversa empezó así:
-
Tiene cojones, Carlos para no ser policía, limpia más las calles qué el Comisario. - dice Paquiño, riéndose.
-
Bueno Paquiño, el chaval ha hecho mal. - se enciende un puro el Comisario -
No podía meterlos bajo tierra ¿no? Ahora, tengo que hacer que ando detrás vuestra.
-
Mire Comisario, ¡lo qué yo le diga! Nos jodieron diez kilos de coca, al final ni han aparecido - hace un gesto con la mano como diciendo,
tela marinera -
ni aparecerán. Creo que he actuado correctamente, por lo menos no he dejado los cadáveres junto a la Muralla. - dice Casares, riéndose.
-
¡Bueno, Casares! Conociéndote, si sólo fuésemos nosotros tres, los matabas en el acto. - le replica Cachiro.
-
Si no te lo niego, tio. ¡Sabes qué cuándo se me pone la vena, arramblo con todo! - dice Casares, riéndose.
-
¡Caaaaarlos! - grita el comisario -
¿Quieres aparecer muerto en el Miño, por tu puto reprís? A éste paso, te llevas todas las papeletas. - le reprocha el Comisario.
¡Aaah! Y vuestros cochecitos, - nos señala con el dedo índice
- están fichados.
-
¿Los nuestros también? - le pregunta Cachiro, refiriéndose a él y a mí.
-
Si, los vuestros también. Tu BMW canta más que Lola Flores, y el tuyo. - refiriéndose a mí, señalándome -
¡Sitio al qué va Carlos a armarla, sitio en dónde está tu coche!Salimos del zulo con la idea de relajarse durante unos meses, vamos, teníamos que tomarnos unas vacaciones. Pensé en tomarme toda ésta semana, para marcharme a Gijón con Elena y desconectar. Llamé a Elena:
-
¿Qué te parece si marchamos hoy a Asturias? Ya tenemos hotel, no me digas que no.
-
No me jodas, Pablo. Aún tengo que hacer la maleta y todo. - me contesta Elena.
-
¡Pues la haces ahora! Son las once de la mañana aún, voy a buscarte a las cuatro de la tarde y tiramos para allí.
Convencí a Elena, antes de nada, llevé el coche al taller. En el taller, me pregunta el jefe:
-
¡Buuuuf! ¿Cuántos kilómetros le has hecho desde qué lo compraste?-
Pues... Creo que cuarenta y pico mil kilómetros. - le contesto, mirando el velocímetro.
Salí del taller con el aceite y los filtros cambiados, me lo puso a punto e iba de maravilla. Llegué al pueblo a la una del mediodía, comí, lavé el coche y me duché. A las tres fui a buscar a Elena y tiramos a Gijón.
Cinta de los Dire Straits y carretera, el coche iba fenomenal, en definitiva, por ahora el viaje pintaba muy bien. Llevábamos doscientas mil pelas para el viaje, comer de restaurante y dormir de hotel, es lo que conlleva.
Ya en Gijón, llegamos al hotel y dejamos las maletas. Pero un hotel de máximo nivel, no una pensión de mierda. Aparqué el coche en un Parking subterráneo, para no moverlo en toda la semana. Salimos del parking:
-
¡Empiezan nuestras vacaciones, morena! - le digo.
Paramos a tomarnos un café en la Plaza de Begoña, el cigarrito y a hablar de nuestras cosas:
-
¿Por qué gastas la poca pasta qué te queda en el banco en éstas vacaciones? - me pregunta Elena, que aún pensaba que vivía a base del paro.
-
¡Porqué sí, chica! Además, no he puesto todo mi dinero en éstas vacaciones, tu también has puesto cincuenta mil pelas. - le contesto.
-
No es nada comparado a lo que has puesto tú, chico.
-
Morena, no jodas nuestras vacaciones. ¡Disfruta!-
Tienes razón. - me contesta, dándole un sorbo a su crema.
Ése mismo día, empezamos a dar un paseo por Gijón. A las once, cenamos en el resturante del otro día, tenía que probar la fabada, el arroz con bugre lo dejaríamos para el último día. De noche, lo de siempre, moverse por la zona de marcha.
Esa misma noche me encontré a un colega del instituto por Gijón, se llamaba Jorge. Estaba estudiando allí Ingeniería Técnica desde el año pasado:
-
Coño, ¡Pabloooooo! - me grita Jorge, al reconocerme.
-
¡Ostia! ¿Qué tal? - respondo.
-
Aquí andamos, ¿os veniís a Avilés? Un hermano de un colega mío de la facultad ha abierto un pafeto nuevo, la entrada es de dos mil pelas, ¡así qué imagínate lo bien que estará! - me dice Jorge, emocionado.
-
¡Buuuf! No sé, no sé. ¿Qué dices, Elena? - le pregunto.
-
Vayamos, por mí de p#%@ madre. - me contesta Elena.
Le presenté a Elena y le comenté que tenía que ir a por el coche al parking, pero no hacía falta, ya nos llevaba en su coche. Jorge tenía un Renault 19, normalucho de todo, pero lo trataba cómo si fuese un Ferrari. Saliendo de Gijón, en los semáforos, se debió picar con todos los coches que esperaban a su lado.

Llegamos al pub y aparcamos en el parking del edificio del pub, entramos por la puerta grande, qué estaba a rebosar:
-
¡Nenu! Pasamos dentro, éstos son colegas míos de Lugo.
Entramos sin pagar la entrada, a primera vista, el sitio estaba impresionante. Vamos, máximo nivel. Nos acercamos a la barra, pedimos tres cubatas y seguimos a Jorge. Nos lleva a la zona VIP, en dónde está el dueño y su amigo. Nos sentamos en los grandes sofás de cuero y empezamos a hablar:
-
¿Y qué tal por Lugo? - me pregunta el dueño, riéndose.
-
Fenomenal. - le contesto, riéndome.
-
Bueno, antes de nada. Me llamo Matías, soy el mandamás de éste antro - me da la mano -
y éste, Jaime - me da la mano también -
, es mi hermano.
- Para servirle a usted y a su bella dama. - me dice el hermano, un poco colocado -
Por cierto, no le hagáis caso con lo dice de antro, el prefiere estar aquí, antes que en Mieres en la mina. - se ríe a carcajadas.
31 de julio de 1995 (continuación).
Estuvimos charlando todo el rato, Elena empezó a hablar con la novia de Matías (el dueño) y se marcharon las dos juntas a bailar en la pista. Acto seguido, Matías sacó una pequeña bolsita de coca puso cuatro rayas en la mesa (imagináos la conversa con la canción de Haddaway, What is Love):
-
Tío, ¡yo no me meto mierda! - le digo.
-
¡No te la cobro, gallego! - me contesta, riéndose.
-
No, paso tío. - le vuelvo a decir.
-
Mejor, así hay más. - contesta Jorge, riéndose.
-
Por cierto Matías, ¿sabes algo del medio kilo que te debía traer el gitano? - le pregunta Jaime (el hermano), metiéndose una raya.
-
¡Me cago en la p#%@! - Matías le da una ostia a Jaime -
Con desconocidos no saques el tema. Y tú, boca cerrada. - se dirige a mí, señalándome con el dedo, pero de buen rollo.
-
Tranquilo Matías, qué le estás diciendo a un padre como debe hacer hijos. - le contesto, riéndome.
-
¿Pasas coca? - me pregunta, respirando fuerte para que no quede nada en la nariz.
-
Eso, ¿pasas coca? - me pregunta Jorge, extrañadísimo.
-
No exactamente, pero. ¿Qué necesitas?-
Pues medio kilo, tenía que pedirselo a un camello de aquí, pero paso. Me ha jodido muchas veces y últimamente sólo me pasa mierda, pero con mierda, me refiero a basura. - me responde, haciendo gestos con las manos.
-
Pues bueno, dame tu número de teléfono y ya miramos. - le digo.
Me pasa su teléfono y lo guardo en la agenda, trabajo para Casares y para mí.
La noche transcurrió, apenas bebí dos cubatas para fumar. Pero Elena y mi amigo Jorge, ¡dios santo! Bebieron como si fuese el fin del mundo. Al final de la noche, eran las siete de la mañana, recogimos y nos fuimos, por supuesto yo conduje el R19. Jorge empieza a hablar en el coche:
-
Oye, ¡Pablito! - le da el hipo -
¡A ver cuándo nos traes esa coca! - más hipo -
Dios, ¡puto hipo!-
Pero ¡qué coca, qué coca! - exclamé, por si acaso Elena se pispaba.
-
Si, J@$~#R. - más hipo -
La coca... - dice Jorge.
-
¿Qué coca, Pablo? - se le contagia el hipo a Elena -
¿Qué coca? - intentaba decir Elena, pero entre el pedo y el hipo, no daba.
-
No le hagas caso, está borracho. - le contesto a Elena.
Si no hablasen del tema de la coca, me estaría descojonando con la conversación. Dejé a Jorge en la facultad, que estaba a dos pasos del hotel y nos marchamos andando Elena y yo. Llegamos al hotel, Elena no se mantenía en pie y se me pone el recepcionista:
-
¡Aprovéchate, machote! - me dice, riéndose.
-
Cualquiera lo intenta. - le contesté, riéndome.
Dejé a Elena en la cama y bajé al bar de enfrente a tomar algo. Leí la prensa y tomé un café. A las diez y pico de la mañana, en el hotel, me duché y me cambié. Desperté a Elena a las once para que se duchase, vaya pestes echaba la morena por la boca al no dejarla dormir. Al final se levantó, pero de malas, se duchó y nos marchamos antes de las doce, qué era la hora en la que venían a hacer la habitación. No se acordaba de nada de lo que hizo la noche anterior, ¡gracias a Dios!
Editado por Persino, 10 agosto 2010 - 20:55:42.